Los “hacedores de lluvia” de los nativos americanos son médicos chamanes que usan rituales para hacer llover. Para las empresas, el “hacedor de lluvia” es una persona que genera grandes cantidades de negocio. Igual que los nativos americanos, los emprendedores han creado sus propios rituales para hacer llover.
Hay diversos factores que pueden complicar el que las empresas nuevas hagan llover. Pero uno de los más importantes es que, aunque se diseñe un roducto o servicio con un propósito específico, no se tiene forma de saber quién va a comprarlo realmente ni para qué lo va a usar. Por eso, el primer paso para hacer llover es sacar al mercado una primate versión del producto o servicio (la versión 1.0) para averiguar dónde “arraiga”. Mantén los ojos abiertos porque podrías perderte entre las nieblas del mercado.
Daniel J. Simons, de la Universidad de Illinois y Christopher F. Chabris de la Universidad de Harvard realizaron un interesante experimento cuyas implicaciones pueden ayudarte a hacer llover. Le pidieron a unos estudiantes que vieran un vídeo en el que los miembros de dos equipos se lanzaban entre sí balones de baloncesto. Los estudiantes tenían quecontar cuántos pases se hacían entre sí los miembros de uno de los equipos. Al cabo de treinta y cinco segundos de vídeo, un actor disfrazado de gorila entraba en el lugar donde estaban los jugadores y permanecía allí durante nueve segundos. Cuando se les preguntó, el cincuenta por ciento de los estudiantes ¡no habían visto al gorila! Al parecer, estaban atentos a la tarea encomendada de contar los pases y fueron incapaces de percibir nada más allá. Lo mismo ocurre en las empresas: todo el mundo se concentra en los clientes previstos y en los usos determinados y es incapaz de ver el mercado potencial del negocio.
Para hacer llover, tienes que dejar que las flores arraiguen y florezcan y recoger las que aparezcan inesperadamente.
