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En defensa del negocio de la arquitectura

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Todavía hay algunos que dicen (sabemos que en el fondo no lo piensan) que los estudios de arquitectura no son un negocio… que se trata de servicios a la sociedad.

Leemos con perplejidad el alegato titulado “En defensa de los estudios de arquitectura”, escrito por un arquitecto y enviado como carta al colegio de arquitectos de Madrid para que éste la difunda a todos los colegiados. En el se arremete contra el artículo publicado en El País el pasado 13 de noviembre y titulado “Industrializarse o morir” (puedes descargarlo aquí)

Dicha carta viene a decir que “hay alguien” que nos está pretendiendo engañar al afirmar que ”el modelo tiene que cambiar: el pequeño estudio de tres o cuatro personas no puede afrontar proyectos de envergadura. Hay que incorporar telecomunicaciones, sostenibilidad, iluminación o paisajismo”. El alegato también dice que quien hace este planteamiento se le olvida algo esencial: “que la arquitectura no es un negocio, que la arquitectura es un servicio a la sociedad”.

Francamente suena muy bonito esto que, desgraciadamente, llevamos escuchando desde hace muchos años desde diferentes polos más o menos pintorescos.

Para cimentar esta opinión pone el ejemplo de la diferencia entre los grandes hoteles y los pequeños hoteles con encanto. Ejemplo ya muy manido y que, nos tememos, no tienen nada que ver con nuestro trabajo ni con la situación actual. En cualquier caso, baste decir que los grandes hoteles son un excelente negocio, así como los pequeños hoteles también lo son. Ambos trabajan para ganar dinero y no para ofrecer un servicio a la sociedad y, ante una un hipotético derrumbe del sector del turismo similar a lo que está ocurriendo con el sector de la arquitectura, téngase la certeza de que los pequeños hoteles sufrirán mucho más que los grandes. Es ley de vida.

También cimenta su alegato poniendo el ejemplo de una serie de “arquitectos estrella” aunque con pequeños estudios de arquitectura (Luis Barragán, James Stirling, Aldo Rossi, Glenn Murcutt, Rafael Moneo, Paulo Mendes da Rocha, Alvaro Siza, Jorn Utzon, Eduardo Souto de Moura, Peter Zumthor, etc.). Ejemplos que, nos tememos, tampoco son válidos ya que el 99,9% de los arquitectos Españoles no somos, ni seremos, este tipo de arquitectos a quienes respetamos y, en muchos casos, valoramos su trabajo y nos sirven como referentes. En cualquier caso, ya nos gustaría que el tamaño de nuestro estudio fuera al menos la mitad del de alguno de los citados. Ya nos gustaría.

Sí que estamos de acuerdo en una cosa: “la importancia de la pequeña y mediana empresa para salvar la economía”.

Ahora bien, la pequeña y mediana empresa no es la microempresa. Las pymes (como habitualmente las llamamos) engloban a empresas de hasta 250 trabajados y hasta 50 millones de euros de facturación. Las microempresas, sin embargo, son aquellas que tienen menos de 10 trabajadores y facturan menos de 2 millones de euros. La inmensa mayoría de los estudios de arquitectura de este país son microempresas.

Estas microempresas estamos sufriendo por sobrevivir lo que no está en los escritos (las que aún no han cerrado) y, tengamos la seguridad, de que una de las posibles formas que podemos tener para conseguir salir adelante es que consigamos crecer, que consigamos agruparnos, que consigamos ser más fuertes, que consigamos tener más recursos, que consigamos tener más reservas financieras, que consigamos ser más eficaces, que consigamos ser más competitivos, que consigamos tener una oferta más completa, que consigamos llegar a más lugares y a más clientes, etc…

Claro que siempre habrá un espacio para los “arquitectos autor” como son todos los nombrados. De hecho todos ellos sobreviven cuando el 50% de los demás ya han cerrado. Pero eso no quiere decir que la solución, para la inmensa mayoría de los arquitectos sea intentar convertirse en uno de ellos. Creemos que resulta frívolo incluso el hecho de insinuarlo. Sencillamente, para esto no hay espacio más que para unos pocos y somos muchos, pero que muchos.

No hay nada malo en estudiar arquitectura y pretender trabajar como arquitecto en una gran organización. No hay nada malo en que la gran ilusión de muchos sea crear una estructura empresarial. No hay nada de malo en trabajar en estructura de colaboración con otras profesiones tan dignas como la nuestra.

Lo que si hay de malo es en que, como termina diciendo el artículo de El País, “aquí cuando un estudio alcanzaba un altísimo nivel profesional, la inteligentzia lo despreciaba. Sólo se triunfaba si eras artista-autor que sufre en soledad”.

PD: Al menos, nos alegra leer al final del alegato que el autor piensa en la posibilidad de “que puedan existir estudios importantes bien organizados”. Suponemos que habrá querido decir estudios grandes.